Ana Enriqueta Terán nació el 4 de mayo de 1918 en la hacienda Santa Helena, Valera, estado Trujillo. Su infancia estuvo impregnada de literatura. Escuchaba a su madre leer el Quijote en voz alta, y modernistas como Rubén Darío eran parte de la cotidianidad de la familia Terán. Su bisabuelo, Manuel María Carrasquero, había sido un humanista importante. Todo este ambiente hizo que la pequeña Ana Enriqueta mostrara un inusitado interés por la poesía.

Por avatares de la política, la familia Terán Madrid se traslada a Puerto Cabello en 1932 y luego en 1936 a Caracas. Allí la muy joven poeta absorbería todo un caudal de literatura, música y pintura, para finalmente en 1946, y bajo el ala protectora de su amigo, el poeta Enrique Planchart, publicar su primer libro, Al norte de la sangre, poemario que Juan Liscano alabará como una obra de gran extroversión sensual y sensorial. Ese mismo año ingresó como agregada cultural de la Embajada de Venezuela en Uruguay. Allí desarrolló una intensa actividad intelectual y labró una amistad con poetas e intelectuales uruguayos entre los que destacan la gran poeta Juana de Ibarbourou. En 1954 regresa a Venezuela, después de un periplo por Montevideo, Buenos Aires y París. En la década de los sesenta y setenta se destacará en actividades culturales que incluirán la presidencia del Ateneo de Valencia, donde residirá por
un tiempo.

Luego de aquel su primer libro, Al norte de la sangre (1946), vendrían Verdor secreto (1949), Presencia terrena (1949), Testimonio (1954), De bosque a bosque (1970), Libro de los oficios (1975), Música con pie de salmo (1985), Casa de hablas (1991), Albatros (1992), Construcciones sobre basamentos de niebla (2006), hasta su Autobiografía en tercetos trabados con apoyos y descansos en don Luis de Góngora (2007). Esta extensa obra poética es una de las más sólidas y prolíficas de la literatura venezolana. Su periplo de vida la llevaría a residir también en Caracas y en Margarita para, en 1980, residenciarse en su tierra trujillana, en el hermoso pueblo de Jajó. Allí seguirá escribiendo y se dedicará especialmente a sus amados sonetos.

En el año 1989 recibirá por parte de la Universidad de Carabobo el doctorado honoris causa en Educación. En 1990 le es conferido el Premio Nacional de Literatura. Los años siguientes seguirán siendo de poesía y trabajo y se harán algunas antologías de su extensa obra. En el año 2007 se decide a publicar su Autobiografía en tercetos
trabados con apoyos y descansos en don Luis de Góngora, que será publicada por la Fundación Editorial El perro y la rana, incluyendo en las páginas finales de la edición una bella selección de retratos de distintas épocas de la poeta realizados por reconocidos artistas como Durban, Gabriel Bracho, Edmilles y Singroniz. En el año 2014 esta misma casa editorial le publicaría su novela Apuntea y congojas de una decadencia novelada en tres muertes. Sin duda es Ana Enriqueta Terán una de nuestras poetas vivas más sólidas y originales.

 

Imagen de archivo

Vestidura insumisa, paloma leve

Vestidura insumisa, paloma leve

DC2018000808Edición: 978-980-14-3559-4Audiobook: DC2018001516

VII

JOVEN DEL ESPEJO

El espejo devuelve la figura

con una flor prendida de la brisa

que rodea la clara vestidura.

La mano viaja desde la sonrisa

hasta el cabello de encrespado aroma

de la reciente joven insumisa.

Recuerda la cadera dulce poma

y el pecho aguza sensitiva nieve

y calladas distancias de paloma.

La imagen de la flor es aire breve

cruzando el aire de la niña triste.

Ella es la flor, el llanto, el tiempo leve.

Y digo en alba pura: “Sé que existe”.

De: Verdor secreto

(1949)

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Ana Enriqueta Terán: poetisa de la lengua

Ana Enriqueta Terán: poetisa de la lengua

DC2018001953
Autor:
Colección: Poesía Venezolana
Categoría: Filven 2018

La poetisa cuenta hasta cien y se retira

La poetisa recoge hierba de entretiempo,

pan viejo, ceniza especial de cuchillo;

hierbas para el suceso y las iniciaciones.

Le gusta acaso la herencia que asumen los fuertes,

el grupo estudioso, libre de mano y cerrado de corazón.

Quién, él o ella, juramentados, destinados al futuro.

Hijos de perra clamando tan dulcemente por el verbo,

implorando cómo llegar a la santa a su lenguaje de neblina.

Anoche hubo piedras en la espalda de una nación,

carbón mucho frotado en mejillas de aldea lejana.

Pero después dieron las gracias, juntaron, desmintieron,

retiraron junio y julio para el hambre. Que hubiese hambre.

La niña buena cuenta hasta cien y se retira.

La niña mala cuenta hasta cien y se retira.

La poetisa cuenta hasta cien y se retira.

Libro de los oficios. Poemas 1967.

Caracas: Monte Ávila, 1975.

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