El Diplomado de Edición y Promoción del Libro y la Lectura de la Fundación Editorial Escuela El perro y la rana avanza y se profundiza. Esta semana inicia el tercer módulo, enfocado “en procesos de producción editorial con énfasis en las dinámicas de realización de productos editoriales, tomando en cuenta el concepto inicial y las diferentes fases de ejecución, control y seguimiento”, luego de haber culminado los dos primeros que enmarcaron el tema de las decisiones editoriales y el papel del editor como sujeto crítico.

Estela Aganchul, editora de larga trayectoria en el área infantil, es una de las profesoras del diplomado y supo englobar el asunto de las decisiones editoriales en una entrevista donde las particularidades de esta oferta académica y los retos actuales de los nuevos editores latinoamericanos.

 

¿Qué diferencia este diplomado de otros similares?

Es bueno aclarar que este diplomado, a diferencia del diplomado de la Universidad Central (UCV), es un diplomado que se dirige mucho más hacia el papel del editor y este como sujeto crítico. Es mucho más que la parte gráfica. Se trata al libro como una decisión del editor, no enfocado hacia la confección del libro.

En el diplomado sí se tocan todas las etapas por las que tiene que pasar el libro, tanto el libro en papel como el libro digital, que es algo que está ahí hay que asumirlo y ver cómo esos dos soportes se tensionan y dialogan entre ellos. De todas maneras, el espíritu del diplomado es la formación de editores, pero de editores como tal, no de editores del editing –el que revisa textos, del que corta y corrige- sino que este toma la decisión de editar o no un material.

Y esto dentro de un contexto bastante complejo para la identidad de las naciones, no solamente de nosotros, sino que también toca a Europa y Estados Unidos, y es el hecho de que los conglomerados editoriales que van arrasando hacia un pensamiento único y los editores nacionales, en parte, están queriendo competir imitando estrategias. La verdad, nunca van a poder competir editando estrategias. En la edición igual que en el cine, igual que la pintura, se cuida la representación de las identidades de los diferentes países y las diferentes comunidades, por lo cual siempre esas expresiones de los países tienen un apoyo que tiene que venir del propio Estado para de esa manera reforzar esas identidades y esas expresiones.

 

¿Entonces es un diplomado que pretende reforzar la identidad nacional?

Se trata de reforzar las ediciones desde ese punto de vista, la edición nacional y la edición de los autores nacionales de los diferentes países de Latinoamérica (si se quiere que este diplomado trascienda en algún momento las fronteras, con la modalidad online todo es mucho más inmediato, por ejemplo).

Si bien todas las facetas y todas las áreas técnicas del libro se van a ver en el proyecto que tienen que desarrollar los participantes (porque es muy importante en el libro -tanto digital como impreso- conservar y prestarle atención a todos los protocolos y los pasos por los que tiene que seguir), lo que se quiere es dar a entender que la edición y decisión de editar no es neutral, que responde a algo, responde a un contexto y el editor tiene un compromiso. Los editores como tal, los nacionales, los locales, tienen un compromiso con eso y no estoy diciendo para qué lado se incline, sino que el compromiso se tiene, no hay neutralidad.

Creo que para eso se enfoca este diplomado. La clase con Carlos Ortiz es ahondó un poco sobre esto de las decisiones editoriales. Lo que buscamos son editores conscientes en su papel de editores, no les vamos a decir qué decisiones tiene que tomar, sino que sepan que lo que están haciendo son decisiones y tienen consecuencias y repercusiones, hay un compromiso de editor, hay un compromiso ético.

 

 

¿Qué pasa si no se educa editores comprometidos?

Si yo elijo imprimir o editar lo que creo que más se vende estoy tomando una decisión, y esa decisión, quien la toma, ese actor es el editor. Si tenemos una editorial donde la decisión viene de otras partes, entonces tenemos una decisión sin editores; esas decisiones se toman en otros ámbitos donde la editorial no tiene nada que ver, tiene que ver el equipo de economía, que no tiene por qué estar dentro de una editorial.

Y cuando me refiero a que el equipo de economía no debería tomar las decisiones editoriales, no es que no se tenga que tener en cuenta los gastos, las entradas y la supervivencia. Eso es algo fundamental para todas las editoriales para que puedan subsistir; y no solamente las editoriales porque, además, el libro es todo un sistema que se retroalimenta: si no tenemos editoriales, no vamos a tener librerías, si no tenemos librerías, es más difícil tener lectores, si no existen las bibliotecas, tampoco hay para dónde recurrir a buscar libros.

Las librerías y las bibliotecas muchas veces cumplen otras funciones -en los pueblos, principalmente- que son lugares de reuniones, discusiones, las bibliotecas en las escuelas, los libros en los colegios, el libro como práctica de lectura. Yo sé que se considera como lectura leer un Whatsapp, tienes avisos, anuncios, pero si bien es cierto que es una práctica de lectura que hay que tener en cuenta y no podemos negarla, la reflexión de la lectura, la lectura en voz alta, la lectura en conjunto, la lectura individual, la lectura en silencio, desde mi perspectiva, son puntos sumamente importantes para el desarrollo del ser humano como sujeto ciudadano y como un sujeto crítico, como un sujeto que pueda responder y eso tiene mucho que ver la lectura y el libro desde los primeros años de los niños.

 

¿Radica allí la pertinencia de este diplomado?

Yo creo que los diplomados de formación son importantes en todo momento, de cualquier área, en este caso en el área del libro, porque personalmente considero que el área editorial –principalmente, la parte privada- está muy venida abajo y tenemos que tener consciencia de que, igual que en el cine y la fotografía, el área editorial tiene que reforzarse. Venezuela no tiene conglomerados editoriales funcionando en el país, hay como dos o tres muy pequeñas; Planeta -que no tiene significación- y las demás se fueron, por lo tanto creo que es un buen momento para poder reforzar el sector libro en Venezuela, en general, tanto público, como privado.

 

¿Espera que los talleristas participen activamente en esa construcción?

Yo creo que todos estos cursos de formación apuntan a eso. Depende de la decisión individual de cada uno, por una parte, y del apoyo que el Estado dé a esas iniciativas, porque todo en esto -que no hay beneficios grandes- se necesita el apoyo del Estado, este tiene que ser partícipe. El Estado que no participe es un Estado que se achica… y un Estado que se achica, ya sabemos para dónde se lo llevan.

 

 

 

¿Qué opina respecto a la cantidad de gente joven participando en el diplomado?

A mí me sorprende siempre la cantidad de gente que está interesada en la parte de la edición. Tenemos 30 personas inscritas en este diplomado, en el de la UCV hay otras 52 y aquí se ha quedado gente por fuera. Hay un interés cada vez más grande en la edición; cuando uno cree que está muriendo o cuando uno cree que está muy decaída, es cuando retoma mucho más fuerza y la gente se interesa mucho más. Las personas mayores generalmente se inclinan hacia la edición desde otras perspectivas como proyectos personales que también son válidos, pero la gente joven siempre está atenta. Y yo creo que eso es bueno, es una muestra de que al libro todavía le queda bastante vida y que el libro digital va a convivir por muchísimo tiempo al libro impreso.

 

Cuando habla de libro digital, ¿se refiere al PDF?

El PDF en sí es un libro digital porque es electrónico, pero lo que se considera en realidad como libro digital es el eBook. El libro electrónico se adapta a las pantallas de los dispositivos, es de fácil lectura y tiene que cumplir con ciertos parámetros, por ejemplo, son interactivos. Creo que es importante difundir bastante lo del libro digital, los colegios principalmente, pero desde el punto de vista de la apropiación de la tecnología. Sabemos que se manejan softwares libres con ciertas imitaciones y que lo demás se hace con programas de Adobe, pero hay maneras de hacer que los jóvenes y los niños se apropien de las tecnologías, descifren el código y creen sus propias formas.

Entonces se pueden hacer libros electrónicos con software libre, pero creo que eso ya va más allá, aunque sí estoy convencida de que todo eso tiene que ver con la soberanía de los países, el poder manejar los propios contenidos soberanos y que los niños desde pequeños tengan el manejo de la tecnología los contenidos. Por supuesto, en cuanto a contenidos no es que nos vamos a cerrar en algo totalmente nacional porque el contenido es universal y tenemos derecho a este, pero que no haya trabas para poder acceder a ciertos contenidos, más allá de las que hay.

 

 

(T/Prensa/FEEPR)
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