La vida del poeta, actor, artista plástico, investigador, ensayista y profesor Roger Herrera ha sido tan productiva, sucedida (a ratos, atropellada) e inspiradora que cuesta resumirla. Imagínese entonces lo que ha sido su obra: casi infinita, incontable, variopinta, crítica, contundente e intransigente, tan libre e incontenible que encuentra vías por donde pueda: en la poesía, en el teatro. (Por eso, el Autor del Mes de junio de la Fundación Editorial Escuela El perro y la rana es el “Chino” Herrera, el que punza y corta, que estremece y atrae con la palabra, con la pintura, con la escena, con su expresión.

Roger Herrera Rivas nació el 7 de junio de 1962 y, aunque es medio escéptico, también es medio místico; no le gusta revelar los detalles de su nacimiento ni su segundo nombre. Criado por llaneros guariqueños, desde muy pequeño está en Caracas y creció en San Agustín, “cuna de guerrilla urbana” donde no hay espacio para la abulia.

Fue en el mismo San Agustín donde inició su carrera (o sus carreras), pues asistía a cuanto taller cultural hubiese disponible. “En mi casa éramos cinco varones y yo era de los que se escapaba. Andaba por ahí echando vaina de muchachito, en esto de la delincuencia menor, pero me empecé a juntar con la gente de la ultraizquierda y las cosas fueron cambiando. Con el tiempo me empezó a interesar la poesía y me la pasaba declamando en la casa, como loco”, memora. Asegura que de taller en taller, como oyente, fue conociendo grandes poetas de los que aprendió mucho. Compartió con ellos en los salones donde dictaban clases nadie menos que Levy Rosell.

Su relación con las letras se hizo popular cuando ganó una mención en el género Narrativa del premio del Centro Simón Bolívar a la edad de 9 años. Aunque esto marca el inicio de su precoz reconocimiento, el carácter prolífico de la obra de Herrera es inherente a esta desde su nacimiento.

Desde ese momento, Herrera se sumergió en las palabras, más como un pez que vive en ese mar que como un humano que ahí nada. “Él es un lector biológico que asimila esos nutrientes de la información no desde la memoria, sino desde la emoción y el entusiasmo”, expresa Marco Aurelio Rodríguez, editor de El perro y la rana y gran amigo del “Chino”.

Con esa misma voracidad de lectura, se volvió un apasionado del aprendizaje. Durante su juventud se mantuvo atento y activo en talleres de literatura, redacción y animación cultural y popular. Muy pronto se sintió atraído por las artes escénicas, específicamente el teatro.

Un buen regalo abriría paso a la característica principal de toda su expresión. Alguien puso en sus manos y ojos su primer libro de Antonin Artaud. Herrera se bebió toda su propuesta y continuó investigando al respecto. Cuanto libro se encontrara con el nombre del francés, lo compraba y devoraba. De esta forma, empezó a pensar una concepción del teatro gestada desde el cuerpo, la voz, la luz, el escenario y reafirmó su actitud crítica y contestataria ante el sistema.

Se unió en ese entonces al grupo T-Pos. Recuerda el artista:

“Era un grupo muy criticado porque no hurgó en la constitución de una estética, de una forma de trabajo donde prevaleciera la belleza, sino que hurgó y se manifestó a través de la expresión pura, del hecho teatral que era en este caso para ellos hacer denuncias y críticas a la sociedad capitalista”.

Con esta agrupación ganó el Premio Críticos de Venezuela, en el área de Mejor Investigación Histórica, por el montaje de la obra Tres etnias, una misma lucha.

A la par, Herrera desarrollaba y conjugaba tres pasiones: la investigación, la escritura y el teatro, mientras iba acrecentando su interés por la pintura. En 1988 publicó su primer libro Fragmentos, un compilado pequeño de diez poemas y diez ilustraciones de distintos artistas, que él mismo considera underground por la forma como fue escrito y empastado. Incluso en esas condiciones, se llevó sus respectivas ovaciones.

Abrió la década de los noventa con su primera exposición de artes plásticas y asumió la dirección de Artes Visuales del Consejo Nacional de Cultura (Conac) “tras obtener una beca o bolsa de trabajo por la propuesta de difundir la obra de Vincent Van Gogh en las cárceles y la de hacer un taller de artes plásticas para niños y jóvenes por todo el país”, como especifica él mismo, y a partir de esa plataforma organizó y llevó a cabo festivales, conferencias, investigaciones, talleres, recitales itinerantes, el periódico En el Camino y la creación de la Red Nacional de Escritores.

En 1993 egresó de la mención Arte Puro en la Escuela de Artes Visuales “Cristóbal Rojas”. Tres años después, por fin, editaron su libro La crin de Dios, luego de casi diez años de haber sido bautizado. “Es un libro de poemas cortos en el que defiendo el recurso de la brevedad, no tiene nada de autobiográfico; se trata de los paisajes del Orinoco y los Llanos”, especifica Herrera sobre uno de sus libros más vendidos. José Javier Sánchez, colega, amigo y seguidor de la carrera de Herrera, sugiere que La crin de Dios puede entenderse como una propuesta de un poeta experimental, debido al uso de la tectónica en sus páginas, lo que demuestra que la búsqueda empírica de Herrera está presente en todas las formas de su arte.

Incansable estudioso, en 1997 se graduó como licenciado en Teatro, mención Actuación, en el Instituto Universitario Iudet. Tan pronto culminó la licenciatura, realizó un posgrado en Gerencia Cultural en la Universidad Simón Rodríguez. “Creo que la solidez de su formación es algo que lo identifica. Roger es, sin duda, un tipo muy comprometido con su preparación”, opina Rodríguez. Con el tiempo y también entre un taller y otro, además de sus estudios, Herrera se convirtió en un maestro de la metodología de investigación y la elaboración de proyectos; conocimiento que utilizó para plantear incontables propuestas de difusión cultural en todo el país.

Poesía y pintura

Miguel Marcotrigiano Luna, en su libro Las voces de la hidra: la poesía venezolana de los años ’90, se refiere con acierto a la obra de Herrera como: “un trabajo original, de carácter, nacido no solo de la experiencia de vida sino de esa veta que podemos hallar en quien está acostumbrado a coquetear con la palabra”. Esta marcada autenticidad pronto rendiría frutos.

A partir del 2000 inició una prolífera etapa literaria de premios y libros. A principios de año publicó su tercer libro, Desadaptado, cuya portada ornamenta una de sus pinturas. Al respecto, interviene Sánchez:

“En ese libro, profundiza la poética de la ciudad violenta sin hacer crónica de barrio, ni delincuencia, ni del universo hostil al que le toca confrontarse sin doblegarse. Esa narrativa sin narrativa, esa construcción poética, la logra con el rescate de imágenes de una forma que solo puede hacerlo él”.

Embarcado en el área editorial, también integró el equipo de producción y edición de libros (sin derecho a emolumentos) de la editorial Ambrosía. En el 2001 publicó otro título: Apuntes sobre el teatro y su doble, un ensayo sobre el famoso libro de Antonin Artaud en el que populariza los principios del teatro experimental y abre las puertas a las artes escénicas contemporáneas.

Toda la carga “volcánica” que caracterizó su poesía se vio mutada en sus próximas producciones. Elegías a Wölfing, uno de sus libros más elogiados, fue publicado 2003 y se convirtió en una de sus obras más queridas por sus seguidores y hasta por él mismo. “Elegías a Wölfing es un libro que yo amo mucho. Para mí es una fumada, es sobre mis andanzas nocturnas en Caracas. Grabamos un audiolibro incluso, me entrevistaron muchísimo por él”, sostiene con cariño.

Ese mismo año ganó el Premio “Tomás Alfaro Calatrava”, mención Bienal Literaria, por el que le es publicada la obra El lenguaje de los dioses en el 2005, año en que también ganó “junto a medio país” el Certamen Nacional de las Letras con la obra teatral Yo, solo Dios que, posteriormente, en el 2006 publicó El perro y la rana.

Octubre Rojo, que descubre a un Herrera más introspectivo, también fue publicado en el 2006 por El perro y la rana, y generó críticas tan buenas como las que ya había forjado a punta de transparencia y autenticidad en sus escritos. Subraya Sánchez:

A medida que vas leyendo la evolución literaria de Roger, te das cuenta de que en sus libros más recientes es alguien más consciente de sí mismo, es un autor que se percibe a sí mismo en el espacio y pienso que es notorio en este título.

Paralelo a toda su obra literaria, desarrolló tres tiempos de su obra pictórica en la que, tal como es su poética, consiguió su propio lenguaje después de una ardua búsqueda, desde la nada, el ensayo y el error. “Antes me decían ‘El rey del collage‘ porque yo hacía mucho, mucho collage”, comenta entre risas. Desde siempre, el humor negro, la sátira y el lenguaje directo han formado parte de su propuesta plástica. En principio, dirigido hacia las figuras sacras y religiosas. Acentúa el autor:

“Yo respeto a Dios aunque a veces me meta con él. En lo personal, creo en lo que está vivo, en las piedras, en los árboles, en las personas, en que uno no se muere sino que cambia de lugar. Exorcizar lo sagrado es un llamado a la paz, es un llamado a la confortación del espíritu, no veo la contradicción”.

Su pintura, de la misma manera como evolucionó su poética, mutó hasta el rescate de imágenes cotidianas del universo, a veces agrio, a veces dulce, que critica y al mismo tiempo agradece Herrera. Si hay algo que nunca, nunca abandonará su plástica, es la metáfora poética.

Artista integral

Asumió la Coordinación del Núcleo de Literatura y Artes Plásticas de la Dirección Nacional de Cultura de la Universidad Bolivariana de Venezuela de Caracas, en la que ingresó formalmente en el 2008 y, sin perder mucho tiempo como es característico en él, creó el grupo teatral Unidades Tácticas de Sensibilización Teatral (UTSA) “Máscara Negra”.

Un año más tarde, fundó junto a un grupo de estudiantes la Escuadra Revolucionaria de Lectura, hoy Grupo Revolucionario de Lectura “Jesús Aranguren” de la UBV. Explica el autor:

“… lugar donde se auspicia el material poético y los escritores de todos los géneros, además de promover a los artistas plásticos, jóvenes cineastas, animadores culturales, haciendo énfasis en el encuentro, el diálogo de saberes y la siembra de valores bolivarianos para la consolidación del socialismo del siglo XXI”.

La antología de toda su poesía fue recogida por El perro y la rana y condensada en la edición digital de Obras completas: Mínimo y Varial I y II (2013).

Su más reciente publicación literaria fue en el 2014, Monólogo para varias sombras, fue editado por la Imprenta Regional de Apure, adscrita al Sistema de Editoriales Regionales de El perro y la rana.

Estos últimos años se ha dedicado a la propuesta y realización de proyectos como el de “Oscar López Rivera” en el Complejo Habitacional de San Agustín del Norte, en el que pretende “llevar la UBV a la calle, romper con el claustro universitario y sensibilizar, respaldar y acompañar las propuestas que proponga la comunidad”, que incluye programas de formación política, así como en áreas informáticas.

Aunque se destaca como autor, poeta, pintor y actor, su obra también está claramente marcada por la música, la danza y ha sido seducido por la escultura. Hasta la fecha, Herrera ha participado como autor, director o actor en sesenta obras teatrales, ha actuado en treinta películas nacionales y unos veintiséis productos televisivos, además de contribuir con la elaboración de guiones para televisoras comunitarias dentro y fuera del país; su nombre aparece como autor, colaborador, ilustrador y prologuista en más de veinte libros. Ochenta de sus obras pictóricas adornan el proyecto Gran Misión Vivienda Venezuela.

En su faceta de maestro, ha sido profesor en la Escuela de Artes Visuales “Cristóbal Rojas”, en el Instituto Universitario YMCA “López Mendoza”, en los institutos de diseño CEID, Perera e IDA, en el Colegio Universitario “Monseñor de Talavera” y en la Escuela de Artes Visuales “Cristóbal Rojas. El número de actividades formativas de la que ha sido parte no se puede contar y ha viajado por toda Venezuela a causa de ello. Ha desarrollado (literalmente) un sinfín de investigaciones y proyectos relacionados de arte, cultura y política.

Entre otros proyectos, cofundó la ONG “Unidad Latinoamericana de Gerencia Cultural”, la asociación de artistas Aliarts y los proyectos pilotos de los núcleos de Literatura y Artes Plásticas para la Dirección Nacional de Cultura de la UBV.

Además de las medallas de honor de la Orden Alí Primera (2007) y de la Orden César Rengifo (2015), tiene alrededor de veinte diplomas de reconocimiento otorgados en varias áreas artísticas por distintas instituciones. Su trabajo también ha sido reconocido en Chile, Cuba, Francia y otros países. Ha colaborado con casi treinta revistas y suplementos literarios en la capital y en el interior del país, de los cuales ha sido cofundador de la revista Redes y el periódico Origen de San Agustín.

Y pensar que solo tiene 55, ¿no? Próximamente podremos verlo en Ex y El Amolador, ambos filmes de Miguel Guédez y en la actualidad funge sus funciones como profesor a Dedicación Exclusiva de la UBV y miembro de la Comisión Editorial del El Programa de Formación de Grado (PFG) en Gestión Social del Desarrollo Local de dicha universidad.

“Pienso que todo lo hice buscando lo mismo que Rengifo o Artaud: un espíritu. Por ganas de hacer muchas vainas porque, como soy tan necio, si hago una sola, me pongo a pensar “por qué no me meto a ladrón”, dice jocoso.

“Roger es un tipo que tiene conciencia de su tiempo y su tránsito por la vida, que cree en sus capacidades individuales para aportarle al mundo y creo que es altamente preocupado por eso. Es alguien que desde su profundidad necesita decir y pronunciarse y, afortunadamente, lo ha hecho con el trabajo. Su búsqueda no es la comodidad ni la tranquilidad, al contrario, necesita estar donde está la agitación para mantenerse activo. Ha tenido hacerse su espacio a golpes desde el trabajo y aún así no tiene el reconocimiento que merece. Es un poeta que habla con toda la violencia de la ciudad sin usar el lenguaje común. Su visión como creador se aparta para poder interpretar con una voz mucho más fuerte y única, y dar un aporte de crónica y crítica de la ciudad, a través de una manifestación artística, sin copiar a poetas contemporáneos venezolanos; sin duda, tiene una voz propia”, describe Sánchez.

Posiblemente, este “desadaptado” sea una de las figuras criollas literarias y artísticas más importantes de este siglo. Al mismo tiempo, es papá, amigo, un profe pana y un hombre absolutamente comprometido con el bien su comunidad. Sus acciones son lo que más lo definen; cualquier cosa que se pueda añadir es redundante y cualquier intento de resumen de la vida de este ácrata se queda corto. A Roger Herrera lo celebramos este mes y pedimos larga, larga vida para él, que significa grandes, muy grandes aportes para el arte y la cultura de los venezolanos y el mundo.

(T/Prensa/FEEPR)

 

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