En sus inicios como escritora usted demostró una verdadera vocación literaria y un talento poco visto en una joven de dieciséis años, así lo demuestran sus primeros textos, ¿cuáles diría que fueron sus influencias literarias en ese momento?

Influencias literarias eran muchas, porque estábamos descubriendo el mundo en general y el mundo literario en específico. Leía todo lo que me encontraba, mi padre era periodista y tenía una biblioteca sobre muchas cosas porque era un buen lector. La casa, frente al Lago, era un espacio abierto, además, a los escritores y pintores que circulaban en torno a la Universidad del Zulia y a grupos como 40° Grados a la Sombra, que reunía a los contestatarios de la época, gente cercana al Techo de la Ballena. Era frecuente tener en casa a Carlos Contramaestre, José Antonio Castro, José Ramón Sánchez, Caupolicán Ovalles, Francisco Hung, Francisco Bellorín, y muchos otros. Recuerdo una maravillosa revista en forma de periódico, que me atraía mucho por el diseño absolutamente vanguardista y todo el contenido novedoso, era la revista CAL, dirigida por Guillermo Meneses y diseñada por Nedo, toda una maravilla. En fin, era un espacio estimulante con gente que hablaba de mil cosas, discutían, leían, veían cine, aportaban escenarios imaginativos y compulsivos. De allí vino la información sobre la existencia del Nadaísmo colombiano.
Cuando usted empezó a escribir, Gonzalo Arango era ya un escritor de renombre, ¿cómo fue ese primer acercamiento epistolar con Gonzalo Arango?, ¿podríamos decir que a partir de entonces hubo un impulso en su carrera literaria?, ¿sirvió de estímulo a la joven escritora, a la joven poeta?
Sí, bueno fue importante que me contestara (yo le escribía a gente que me interesaba y no siempre contestaban (jajaja), los leía y mi apasionamiento me llevaba a buscar comunicarme. Recuerdo por ejemplo a Margaret Randall y Sergio Mondragón que dirigían una revista internacional de poesía El Corno Emplumado, y Sergio me contestaba con la mayor sencillez, y compartíamos. Lo de Gonzalo Arango fue exuberante, especial, esos papeles grandes con citas impresas, su caligrafía de máquina de escribir, sus anécdotas y sorpresas por el que yo viviera en una avenida llamada El Milagro… Siempre sentí como un honor que se tomara el tiempo para contestarme mis cartas y lo hiciese de un modo tan extensivo.
Yo apenas garrapateaba cuentos y poemas, con mucho pudor. Y por supuesto que fue un gran estímulo, porque me tomó en cuenta, me respondió preguntas, me alentó con furor.
¿Cuál cree usted que fue el gran aporte de Gonzalo Arango a la literatura y en particular a la poesía?
Creo que Gonzalo tiene una vena de autenticidad profunda que puede percibirse en todo lo que hacía, su literatura es contundente pero a la vez es una revelación de honestidad a prueba, hay en su poesía y en sus manifiestos y en la totalidad de sus gestos una mezcla de dolor y rebeldía, pero a la vez una enorme melancolía solitaria. Creo que fue un poeta maldito en su propia contemporaneidad, al modo de los antiguos poetas malditos.
 
Este nuevo texto Nadaísmo con vista al Lago será presentado en pocos días en la 13ª Feria Internacional del Libro de Venezuela, y compila las cartas que Gonzalo Arango le escribió. ¿Qué aporte considera que hace su publicación?
Nadaísmo con vista al Lago son sus cartas, su modo de hacer “pedagogía” conmigo que tenía 16 años y quería ser escritora, pero también era un empujón hacia la vida, no solo literario quiero decir. Sus ánimos o desánimos me interesaban y él analizaba lo que uno hacia desde aquí, desde ese Maracaibo donde quisimos irrumpir todos muchachos, con nuestra Mandrágora.
Podía haberme ignorado y no lo hizo, escribía con paciencia, con emotividad y era un interlocutor especial, atento a las señales del mundo, a los gestos pequeños y grandes, con una enorme disposición al diálogo mantenido.
¿Cree que el Nadaísmo se ha mantenido en el tiempo luego de la muerte de Arango gracias a escritores como Jotamario Arbeláez o Elmo Valencia, entre otros, quienes parecieran preservar un legado? Algo parecido a lo ocurrido con el grupo Orígenes gracias a Fina García-Marruz y Cintio Vitier, luego de la muerte de Lezama Lima. ¿Pudo sobrevivir el Nadaísmo luego de la muerte de Gonzalo Arango?
Pues sí, tú mismo respondes tu pregunta. Entre ese grupo de poetas había una cohesión importante, un acuerdo de banderas, de empeños, de nostalgias y deseos de ser una voz en conjunto. Y era una necesidad para la Colombia acartonada, la que vivía o vive de las formas y no del fondo. Los nadaístas han cumplido un papel importante y la persistencia de su poesía lo señala. Tuvimos por aquí al poeta Flóbert Zapata y coincidimos en un foro en el Festival Mundial de Poesía, donde él recordó a Gonzalo Arango y para mí fue maravilloso, saber que la palabra de Gonzalo sigue vivita y coleando, arropándonos y haciéndolo con las generaciones que han llegado después de la mía.
Por: Pablo Ruggeri Romero
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