Pablo Ruggeri es un caraqueño que maneja letras, y lo hace porque es editor de nuestra Fundación. Licenciado en Letras, ha ejercido la corrección y la traducción pero su oficio actual está basado en la comunicación, porque básicamente comunicar es lo que hace. Tiene un trato estrecho con los autores, ambos caminan de la mano para que el manuscrito, después de hacer la ruta del libro, llegue a los lectores. Aunque sus padres son médicos nunca le impusieron estudiar la carrera científica, al contrario, su padre construyó una gran biblioteca donde conviven libros de medicina, literatura e historia. Si pudiera elegir un libro que admira para editar sería Música para camaleones de Truman Capote. Pablo es una de “Las voces del libro”.

Armaray Mijares: ¿Un editor nace o se hace?

Pablo Ruggeri: El oficio de editor se aprende con el tiempo y en la brega, como dicen por ahí. Yo tengo una experiencia muy modesta en estas lindes, apenas un par de años, nada, en comparación con los editores con los que trabajo a diario. Creo que el editor se forja definitivamente con los innumerables libros con los que trabaja. En cada uno de ellos hay una enseñanza invalorable. Pero es el tiempo el que te forja, en definitiva.

AM: ¿Cuál es la esencia de su trabajo como editor?

PR: El editor tiene una responsabilidad grande con el autor y los lectores. Se mueve entre estos dos territorios complejos. La relación con los autores nos permite establecer los límites del texto, o ampliar la obra con propuestas, se evalúan siempre carencias y fortalezas. El editor arma el libro, le da la estructura, lo hace apetecible al lector en su conjunto. En la actualidad, el oficio de editor está cambiando debido a los formatos digitales, tanto así, que incluso ahora se pone en duda su intervención en las publicaciones. Fíjate que cualquier joven en la actualidad publica en su blog historias, relatos, vivencias, etc., directamente a sus lectores, que pueden ser millones. Reconozco que manejo, con algunas limitaciones, el tema digital, pero creo que todo editor debe estar al corriente del movimiento de la escritura en Internet, es muy interesante. Sin embargo, y aclaro, el formato papel, donde el editor sí resulta imprescindible, está lejos de desaparecer, se sigue imprimiendo y siguen apareciendo nuevas editoriales. A mí, en lo personal, esto me tranquiliza porque yo vengo del formato libro. Pareciera que esta convivencia, a veces conflictiva, entre ambos formatos, y entre el editor y ese nuevo híbrido digital que cumple todas las funciones editoriales en la Internet, será la norma a futuro: los lectores decidirán. No me declaro ni apólogo ni apóstata. Por eso la esencia del oficio ha cambiado, depende del soporte discursivo que elijas.

Es muy inquietante la rápida e ininterrumpida afluencia de textos en la Internet, en tiempo real, a diferencia de las publicaciones impresas, que llevan más tiempo en recibir el soporte, pero entonces se debe considerar aquí la gran cantidad de textos de ínfima calidad y las reiteradas faltas a los derechos de los autores, por ejemplo, o las traducciones deficientes hechas por programas y aplicaciones. Todo esto hace de la Internet un espacio fecundo también para el fraude en los textos. Por otro lado, los editores estamos viviendo un verdadero fenómeno en el uso del lenguaje, en el uso de las redes sociales, por ejemplo, que permea a los formatos tradicionales.

AM: Un editor debe ser un buen lector, ¿qué libros han sido imprescindibles en su oficio?

PR: Tengo preferencia por la narrativa y la poesía, pero el oficio nos expone frecuentemente a otros géneros, como pueden ser los libros para niños y jóvenes, o los ensayos políticos y filosóficos. En lo particular me gusta la idea de que pueda llegar cualquier cosa a mis manos. Uno termina saboreando nuevas perspectivas escriturales y estéticas infinitamente diversas. Me parece que uno con el tiempo, siendo editor, se hace mejor lector, porque terminas derribando ciertas resistencias a ciertos discursos, te enriqueces mucho en el proceso.

Sobre nuestra casa editorial

AM: La FEPR tiene temáticas y géneros variados, como lectora me da la impresión de que todos tienen en común un gran trasfondo social y mucha humanidad, ¿cuál es su visión como editor?

Tenemos una oferta editorial muy amplia que se refleja en el número de colecciones de nuestro catálogo, el espectro de lectura que ofrecemos es verdaderamente ambicioso y creo que en ese sentido tenemos grandes ventajas. Sin embargo, creo que el gran acierto de la Fundación Editorial El perro y la rana, en estos doce años de labor, ha sido formar nuevos lectores e incentivar a los nuevos escritores a que publiquen sus trabajos. Estos doce años han servido para promover la lectura, y hemos logrado elevar definitivamente el nivel de nuestros lectores, haciéndolos más críticos y exigentes hacia los contenidos en publicaciones que llegan a precios muy asequibles.

AM: ¿Qué le diría a un lector que no conoce la FEPR para que se entusiasme a buscar y leer uno de nuestros libros?

PR: Yo les diría a los lectores que pasen por las librerías y curioseen. Tenemos muchos títulos, pero, además, tenemos una página web desde donde los usuarios pueden descargar gratuitamente buena parte de nuestra oferta editorial. Imagínate, todo nuestro trabajo está allí para ellos, incluso ofrecemos talleres de formación para editores, correctores e ilustradores. Creo que la FEPR pone a disposición de todos en Internet una verdadera gestión cultural en lo referente a las políticas del libro y la lectura.

AM: Una muestra de la política inclusiva en la editorial es que en la página de créditos aparecen los nombres del responsable de cada área de la ruta del libro. ¿Qué opinión tiene al respecto?

PR: Creo que la política inclusiva es más bien puertas afuera, hacia los lectores que históricamente habían sido excluidos de la posibilidad de adquirir un libro. En este caso, me parece que te refieres a nuestra forma de trabajar puertas adentro, y es bueno que hayas tocado ese punto. Tiene que ver con nuestra forma de ser, nuestra idiosincrasia. Si te fijas en textos de otras editoriales verás que apenas se reconoce, si acaso, a quien diseña la colección. Todo el proceso editorial en la FEPR es un trabajo en equipo, todos participamos y opinamos, desde la portada hasta el colofón. Por eso damos el crédito a los participantes en la elaboración de los libros. Allí damos fe de nuestra participación, del equipo editorial, donde el editor es un valioso eslabón más de nuestra cadena de producción editorial.

Nos estamos preparando para la gran fiesta literaria

AM: ¿Cómo es la preparación de los libros a ser presentados en la Filven 2018?

PR: Los libros siguen una ruta desde el momento en el que los manuscritos llegan a la editorial. Te explico, en líneas muy generales, los libros llegan a las manos del editor luego de ser evaluados en un consejo editorial. El editor se enfoca en la estructura de los contenidos, haciendo los ajustes pertinentes, tanto en los preliminares como en el cuerpo del texto y, donde sea necesario, por ejemplo, en el arqueo bibliográfico, así ordena las partes y las indexa. Luego viene un doble proceso de corrección que se alterna con la diagramación del futuro libro. Finalmente, se realiza la revisión de los artes finales. El editor debe coordinar todas estas actividades.

Este proceso editorial, durante las ferias, puede ser intenso cuando tenemos libros que deben ser reimpresos o reeditados. También se debe preparar todo el material de promoción y difusión, que igual debe ser editado, corregido y diagramado. Los textos para cada Filven deben prepararse con meses de antelación, y los medios de promoción y difusión deben dar cuenta de la oferta editorial. Generalmente los editores también realizamos reseñas de las obras y los autores para darlos a conocer al público lector. Con estas reseñas invitamos al público a la presentación de los libros durante el evento. Es un panorama muy genérico de los preparativos para una feria. Lo importante aquí es presentar un trabajo de calidad al lector y, por supuesto, estimular la lectura de nuestros libros.

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