Krístel Guirado fue una escritora, investigadora y dramaturga. Estudiante y, posteriormente, profesora de la Escuela de Letras de la Universidad Central de Venezuela en el departamento de Lingüística, con magíster en Lingüística de la misma casa de estudios y un doctorado en Lingüística Hispánica de la Universidad de Zaragoza, España, y también fue directora de la Fundación Editorial El perro y la rana. En la adolescencia fue incursionando en la escritura con publicaciones de textos desde los años 90, y allí se ha mantenido hasta los momentos, ganando una diversidad de premios en distintas categorías. Su libro, Lírica Hispana: Mujer y gestión editorial (1943-1968) es el resumen de muchos años de investigación acerca de esta revista hecha por mujeres que marcó un hito en la historia editorial de Venezuela. De esa manera, el libro, de acuerdo con las propias palabras de la autora sería “un homenaje que yo le he dado a estas dos mujeres (Conie Lobell y Jean Aristeguieta) por la labor que hicieron como editoras”.

A continuación, presentaremos la entrevista realizada a Krístel Guirado:

¿De dónde vino su interés por investigar y, posteriormente, escribir sobre Lírica Hispana?

— Ese es un cuento porque se remonta justamente desde la época en la que yo era estudiante y me la pasaba aquí en el centro de Caracas buscando libros en los libreros usados. En una de esas oportunidades, frente a Capitolio había varias mesas antes con libros usados y, buscando otro libro que no era precisamente Lírica Hispana, me encontré con un lote de la revista. Me llamó la atención justamente el tamaño, y cuando lo abrí era justamente una antología de poetas venezolanas del año 47. Eso para mí fue asombroso y en esa antología ya estaban las poetas que nosotros conocemos hoy día, como yo diría: “las grandes formadoras de la poesía a principios del siglo XX”. Luego, todo tiene su tiempo, y en una de las ferias del libro de Caracas a mí me pidieron una ponencia sobre Cosmópolis porque el tema era narrar y describir la literatura del país a través de sus revistas, leer el país a través de las revistas literarias. Entonces Cosmópolis, que es la revista del modernismo en Venezuela de finales del siglo XIX, me la asignaron y me pidieron una ponencia sobre ella, y en ese momento yo recordé la revista que había comprado porque en la programación no había una sola revista editada por mujeres. Entonces hice una pequeña trampa: distribuí mi tiempo entre la ponencia y dejé un espacio para la revista. Una vez que empecé a ver que no eran las diez revistas que yo tenía, que eran 296 revistas, que había estado trabajando 25 años continuos… Eso es una hazaña en cualquier experiencia editorial. La verdad es que me llamó muchísimo la atención, así que comencé a investigar al respecto y en la medida en que investigaba más, más me enamoraba de la revista al descubrir, por ejemplo, todo su papel con respecto a la promoción de las poetas españolas de la posguerra, todas las mujeres 75 que hacían poesía en Sudamérica. Con el caso especial de Lírica Hispana ha sido como un regalo y un homenaje que yo le he dado a estas dos mujeres (Conie Lobell y Jean Aristeguieta) por la labor que hicieron como editoras.

Retrato de la poeta y editora, Conie Lobell

Retrato de Jean Aristeguieta, poeta y editora venezolana

¿Cómo fue su proceso creativo al momento de escribir el libro?

— Soy una persona que lee muchos blogs, me gusta producirlos y trabajo con ellos. De hecho, construí cada apartado del libro como si fueran las páginas de un blog y por eso tuvieron una lectura fresca, cómoda, lo cual es un poco también lo que hacemos cuando damos talleres de escritura creativa; entre los ejercicios que 76 le pedimos a nuestros participantes es que traten de escribir como si estuvieran en una revista digital, que es lo que es un blog: una revista digital, y un poco fue el ejercicio que hice. A los escritores nos cuesta mucho eliminar cosas y entonces aquí el consejo es tratar de ver qué es lo esencial, qué es lo que hay que decir de manera esencial, entonces a veces menos es más. La parte del libro que a mí me gusta mucho es un apartado que se llama “Cómo ser mujer y no morir en el intento” y que justamente nos acerca primero a la situación que tenían las mujeres y, sobre todo, las poetas en la España de la posguerra, en la España franquista, y luego cómo nuestra revista, Lírica Hispana, repito: fundada por estas dos mujeres y mantenida por estas dos mujeres venezolanas fue justamente el puente transatlántico que permitió que estas poetas pudieran dar a conocer su obra que no podían hacerlo tan fácilmente en España.

Algo muy importante también que yo espero haber logrado señalar con el libro es que no es un trabajo ni de una mujer, ni de dos, sino que ellas lo que lograron fue establecer una red. Eso que hoy se usa y dice tanto, sobre todo con respecto a la facilidad con que los medios digitales nos permiten establecer esas redes que antes eran más difíciles.

Diciéndolo con una expresión venezolana: a punta de cartas, a punta de correos, correos no electrónicos, lograron difundir la revista.

¿Considera adecuado el tamaño que tenía la revista para difundirla?

— Sí. Casi es un poco lo que expongo en el libro, y de alguna forma lo demuestro, es que la mayor parte de esos comentarios eran malintencionados y lo dijeron incluso algunos otros escritores de la época, era una referencia incluso hasta machista diría yo, trataba de ser despectivo, pero eso fue justamente la clave de la distribución de la revista y de su éxito para poderse distribuir. Para ellas, de seguro que fue mucho más fácil distribuir la revista en Latinoamérica y en Europa por correo, que era la forma en la que se distribuía en el momento y para hacer el canje.

Entonces fue mucho más fácil para ellas manejarlo, pero además había un concepto y el concepto era menor desde el punto de vista de la producción; cuando hablamos del folio, cuando hablamos de los cortes que hay que hacer para poder producir un libro, pues, puedo hacer más números, puedo hacer mil números que era lo que por lo general hacían de la revista. Un tiraje que hoy en día, dentro de nuestras limitaciones económicas en las que está atravesando el país, hablar de mil ejemplares en adelante es hablar de una producción importante. Entonces, eso se puede hacer porque el corte desde el punto de vista editorial nos permite ahorrar material, pero luego yo puedo tener la revista en la mano y llevarla, como decían ellas, en el bolsillo, en la cartera, guardarla, etc. Se volvió casi un objeto artístico.

Yo lo veo ahora en el tiempo y cuando vemos el tamaño de la revista, que es un objeto de colección, mis colegas me han preguntado cuánto es el valor de la revista en España, y yo les he dicho que puede costar alrededor de los 100 euros; es decir, que el valor que se le da a la revista como objeto es muy importante; y ahorita es muy relevante.

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Una de las cosas importantes de ir al pasado es tratar de ver los contextos en su precisión o por lo menos lo más cercano posible. Entonces, en ese momento, pues, impresora no había, ni cercano, uno escribía con máquinas tipo, con máquinas de escribir. Yo recuerdo que escribía en máquina de escribir de las manuales, por lo menos hasta mi primer o segundo semestre de la escuela, y era una novedad las máquinas eléctricas. Recuerdo que fue lo que pedí de regalo cuando salí muy bien en mi primer semestre.

Yo vi un curso en el que decían que la literatura siempre pasaba por el dolor: cuando se escribía en imprenta, cuando se escribía con plumilla, cuando se escribía con la máquina tipo, claro, a uno le dolían las uñas, entonces para uno hacer una copia tenía que poner un papel carbón entre dos hojas blancas porque no existía fotocopiadora, y luego que montaban esa revista yo imagino que ellas la llevaban a la imprenta y allí tenían que formar galeras, es decir, que sacar una revista mensual, no solo que fueron 25 años seguidos, sino que era mensual, implicaba darle mucho tiempo de la vida de ellas a la edición, a leer lo que les enviaban en su correspondencia y ellas tendrían que leer eso, y escoger, a partir de allí, qué iba a las revistas y qué no iba.

Hubo un momento en el que ellas hicieron una gira por España y fueron recopilando, en cada una de las provincias españolas donde estaban de visita, materiales, etc., y después tenían que escoger de esos materiales para publicar. Entonces era un trabajo arduo y ellas no perdieron la fuerza, no desfallecieron en su labor editorial que ciertamente es muy importante, y depende de ellas muchísimas cosas ese esfuerzo y esa entrega.

¿Cuánto tiempo le tomó recolectar toda la información referente a la revista y organizarla de manera que fuera entendible para el lector?

— El tiempo uno está acostumbrado a medirlo cronológicamente, pero hay momentos en que la producción se da porque están las circunstancias para ello. En el caso de la investigación, uno depende mucho de los hallazgos y depende mucho de la disponibilidad de los materiales. Eso es algo que hay que señalar, mientras uno no tiene, por ejemplo, buenas bibliotecas o convenios claros para acceder a algunos materiales, no es tan fácil. Y yo comencé justamente porque nuestra querida escritora y editora, Yordana García, nos invitó a participar en el 1.er encuentro de escritoras latinoamericanas que estaba organizado por Fundarte.

Ese encuentro se dio en pandemia y se dio en línea. Entonces, bueno, por una parte yo tenía las condiciones ideales para escribir porque estaba recluida en casa, obligada, y disponía de más tiempo para escribir; no obstante, dependía de internet porque no podía ir a las bibliotecas, no podía salir, lo que lo hacía más difícil. Sin embargo, allí también las redes de alguna manera ayudaron.

A mis compañeras y colegas en España les pedí que me buscaran información, pero todos dependíamos en ese momento de internet. Luego, bueno, cuando fuimos saliendo de la pandemia pude también acceder a muchísima información y como te digo, el azar a veces juega cosas maravillosas allí. Ya entregando casi el libro, por ejemplo, pude conseguir una revista del franquismo que estaba dedicada justamente a definir a la mujer del franquismo, quien debía ser la mujer ideal dentro de la concepción de esa España tan represiva; yo diría que una mujer lorquiana en el punto de vista de La casa de Bernarda Alba.

Eso fue un hallazgo que me permitió contraponer una revista y una visión, y lo tuve que hacer unos días antes de la edición, tuve que decirle a Elis (Director ejecutivo de la editorial) “¡Ya va, que voy a meter un par de páginas más!”. Este libro es como la información general con respecto a todo lo que es la revista. Luego, hay investigaciones abiertas que tengo y que actualmente voy a continuar. Yo creo que en mucho de lo que resta de vida voy a dedicarle a la investigación de Lírica Hispana.

¿Qué considera usted acerca de la creación de revistas hechas por mujeres como Nos-Otras, en 1927 y Alondra, en 1929 sobre el contexto histórico del país?

— Yo diría, por ejemplo, que al hablar del sur en general, en lo que se refiere a países como África que consideramos ese concepto que es el sur frente a ese norte imperial y Suramérica, pero también nuestro sur, aquí en Venezuela, un espacio que en algún momento jugó un papel muy importante y lo sigue jugando, tanto en la historia y en la economía del país, como es Ciudad Bolívar. Luego aparecería en la literatura y, eso es un rasgo muy particular de quienes por algún tiempo fueron los narradores de la historia literaria del país, parecía que todo ocurría en Caracas: los escritores son de Caracas, los movimientos son de Caracas, pero cuando empezamos a escudriñar —que es lo mismo que investigar, pero es escudriñar, a buscar con detenimiento— nos damos cuenta del desarrollo de la literatura y la investigación en el resto del país.

Uno de esos hallazgos está justamente en Ciudad Bolívar y Alondra, por ejemplo, nuestra maestra maravillosa, Anita Rodríguez, que además es la maestra de grandes poetas en Venezuela, como lo señalo en el libro y, principalmente mujeres, —también hombres, pero principalmente mujeres— que nos dieron los inicios en el siglo XX de esta poesía atada y no atada al mundo de lo que fue el boom de la literatura latinoamericana femenina; entonces, ¿qué es lo que me dice esto a mí? Me dice que las mujeres siempre hemos estado creando, me dice que las mujeres siempre hemos estado leyendo y en Venezuela eso se remonta a la colonia.

Fíjate que hay tradiciones, por ejemplo, propias de México en donde las mujeres podían escribir, pero con seudónimo casi siempre masculino, y en Venezuela no, en Venezuela las mujeres escribían con su nombre, de modo que nosotras siempre hemos sido una rebeldes de alguna manera, unas luchadoras y unas grandes trabajadoras de la palabra, de la cultura y que tenemos una presencia y un protagonismo importante; pero eso también dice de nuestros hombres, yo no quiero sonar a un feminismo cerrado porque eso quiere decir que nosotras, bueno, nos enfrentamos a ellos, pero que ellos también nos abrían espacio.

Además del género de las directoras, ¿qué otros factores considera que hayan influido al hecho de que esta revista no tuvo tanta relevancia hasta estos momentos?

— Bueno, eso es uno de los cuestionamientos que debemos hacernos, ¿qué es lo que llamamos relevante, no? Cuando yo lo veo en retrospectiva, ellas vendían las revistas, no era que además era una revista gratuita ni era una revista subsidiada por el gobierno, era una revista que ellas editaban y que vendían en las librerías y que luego distribuían en toda Latinoamérica y en toda la península, incluso llegó a Francia y a Alemania en algunos momentos. Entonces, yo no sé si eso no es relevancia, si yo lo veo desde ese análisis, la revista fue sumamente relevante. En la Universidad de Chile está la colección completa y en los trabajos de investigación, justamente en el momento en el que uno empieza a escudriñar, a investigar, y empieza a leer resulta ser que es uno de los textos de referencia que más se usan cuando se va a hablar de la literatura que se producía, sobre todo, en la poesía que se producía, por lo menos hasta 1968.

Entonces, siempre fue una referencia en ese momento, lo que sí me parece es que sí hay un factor que tiene que ver primero con el patriarcado, un poco lo que señalaba acá tiene que ver con la crítica y el papel de la crítica en el país, específicamente en Venezuela, que no le daba relevancia dentro del país a la revista, pero quien no le daba relevancia era la crítica y quien no le daba relevancia eran los centros donde deberían fomentarse la investigación, y donde deberían fomentarse la distribución es decir, las universidades, los clubs de lectura particulares, los grupos literarios.

Entonces vemos que son unas determinadas revistas las que tienen y concentran la atención porque están asociadas a quienes detentan el poder en ese momento y a los grupos literarios que detentan el poder en este momento, así que yo creo que ese fue el factor fundamental por el cual esta la revista pasa por un momento de olvido. Y pudo haberse quedado allí, mi intención en este momento justamente es hacer esto. Por ejemplo, el CELARG, el Centro de Estudios Latinoamericanos y del Caribe Rómulo Gallegos convocó a proyectos de investigación en los cuales nosotros introducimos el proyecto de Lírica Hispana y fue aprobado; entonces vamos a una primera etapa que tiene que ver con digitalizar los 296 números y avanzar en algunas áreas de investigación específicas, por ejemplo, en el área editorial específicamente en cómo era vista la revista y los cambios que sufrió y experimentó durante 25 años, como las portadas: los colores, los diseños, la tipografía, cómo era la evolución desde el punto de vista editorial de las revistas y de las ediciones en el país leído a través de Lírica Hispana.

Temas importantes como el de algunas poetas españolas específicas que vieron la luz su antología a través de esta revista, estudiarlas desde el punto de vista literario. Así como al hecho de que todos los años la revista le dedicaba un número a Simón Bolívar, entonces era ver un poco cómo se veía Simón Bolívar en la revista, quiénes escribirían sobre el libertador, quiénes le dedicaban odas y poemas a nuestro líder mayor históricamente de nuestra revolución. Entonces hay mucho que investigar, los jóvenes poetas que estaban emergiendo en su momento, pero que ya hoy día son nuestros grandes poetas. De esa forma, esta primera etapa que pasa por, como te digo, digitalizar todos los números, tiene como fin ponerlos a la disposición para poder hacer el trabajo de investigación con todo su contenido.

¿Qué hubiera hecho usted al estar en la posición de Conie Lobell y Jean Aristeguieta para mejorar la promoción de la revista?

— Yo no creo que haya podido hacer más de lo que ellas hicieron, por lo que te estoy diciendo, para mí ellas fueron unas heroínas realmente, si me preguntaran por un héroe o una heroína, les diría que ellas. Yo he participado de varios proyectos editoriales desde muy desde muy joven y bueno, como te digo, es muy difícil mantener un proyecto editorial. Veámoslo desde esta perspectiva actual: ¿cuánto nos cuesta mantener un blog? Por ejemplo, uno dice: “voy a abrir un 83 blog y después un blog personal”, pero después uno empieza a distanciarse de las publicaciones del blog, la gente lo abandona un rato. En estos días estaba viendo el blog de Luis Britto García, por ejemplo, él nos los estaba enviando a algunos escritores y bueno, eso es una labor, una labor heroica mantener con el tiempo su publicación y también sus comentarios, sus críticas, su participación, su pensamiento y tratar de que su pensamiento no se quede en las aulas o se quede en las ponencias que se hace de un determinado evento, sino que se pueda promocionar a través de las redes.

Ahora nos volvemos a trasladar a esta época. Estamos hablando que, además, son 25 años en circunstancias diferentes del país, diferentes desde el punto de vista político, económico…, entonces ellas son mis heroínas realmente en el ámbito de la edición. Yo no creo que haya podido hacer más que ellas, sino porque desde el punto de vista económico seguía pensando en la pregunta anterior y decía: “bueno, claro, tenían que ser un tiraje de mil y este tiraje había que pagarlo, porque tú no quemas una plancha con la imprenta —como se hacía antes— solo para editar 100 libros”. Hoy en día podemos promocionarlo digitalmente nada más, entonces lo hago a pedido, como hacen ahora varias compañías.

En ese momento tenemos que disponer, además, de importantes materiales desde el punto de vista de la impresión misma: las portadas, el papel que se usa para la tripa y cuando tú ves la revista hoy y ves que se mantiene, quiere decir que usaban muy buen papel, que las portadas también tenían una buena cartulina que permitía su mantenimiento en el tiempo y su entrada a las bibliotecas, porque recuerda que una de las prerrogativas que nos dan las bibliotecas es que al papel no le caigan ‘animalitos’ porque si no me contamina el resto de los libros que tengo. Así, ellas cumplían con todas estas normas y tenían que disponer mensualmente del dinero para poder hacer eso, no solamente la voluntad para evaluar desde punto de vista del contenido y creativo, escoger el color que le tocaba a la revista, etc.

Y luego enfrentarse a la distribución, lo cual es algo que luego que uno tiene la revista se da cuenta que en el mundo editorial la distribución es lo más difícil que puede tener el libro, porque es “¿cómo llego yo este libro a las manos que quiero que llegue?”, “¿o a los ojos a donde quiero que llegue?”, si es un digital hoy día. Entonces ellas, lo repito nuevamente, son mis heroínas, no creo que haya podido hacer más de lo que ellas hicieron, todo lo contrario, se convierten para mí 84 en un referente de lo que todavía hoy se debe hacer en el mundo editorial para tener éxito en esta empresa.

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Hablando de las portadas de la revista, la portada de mi libro es la recreación justamente de un momento de las portadas que se da aproximadamente a inicios de 1960. En esa época hacen un cambio y empiezan a usar estos cuadros, algunos son de diferentes colores, otros lo hacen en dos tonalidades y otros los hacen más vivos: rosados y azules, unos magenta con un azul muy claro, pero también los hay amarillo con negro como esta que es una de las que me gusta más. Una recreación de la revista con la típica lírica que era como un sello en ellas, y que fue hermosa. A mí, particularmente, me complace muchísimo cada vez que veo el libro porque es como tener un poco de, no solo la historia de la revista, sino la revista misma en su imagen en la edición.

Portada de la revista Lírica Hispana, creada a inicios del año 1960

Portada del libro Lírica Hispana: Mujer y gestión editorial (1943-1968) (2024), creada a partir de la portada de la revista original

¿Cómo fue su experiencia al contactar con los hijos de Conie Lobell?

— El punto allí es justamente que los escritores dependen de los editores, pero los editores son los protagonistas detrás de cámara, y en este caso detrás de máquinas y detrás del libro, detrás del papel. Entonces no los conocemos, pero deberíamos y por eso yo insisto en tratar de reconstruir la historia editorial.

Y ellos bueno, se sintieron profundamente agradecidos y lo más conmovedor de verlos a ellos enfrentados al libro, a este libro, fue que ellos afirman, tanto los hijos que son ya hombres de 80 y 90 años y sus nietos, fue reconocer a una ancestra, a una madre, a una abuela que no conocían; y así mismo somos cada uno de los que leemos los libros, que nos acercamos a esa experiencia de reconocer a alguien: a una venezolana que le dio un aporte fundamental al país.

Respecto a tu pregunta con relación a la entrevista, yo quiero agradecer profundamente tu invitación a esta entrevista, y además que me hayas hecho rememorar lo que significó escribir el libro porque luego uno lo olvida, es literalmente como cuando uno tiene un hijo. La Biblia dice: “parirás con dolor y lo olvidarás” y por eso uno vuelve a parir la segunda vez, porque uno olvida todo el proceso y tú me has dado la dicha de volver a pasearme por lo que fue esta experiencia, que fue como tener un hijo.

En la Escuela de Letras han salido grandes escritores y escritoras como usted, Lírica Hispana también fue la cuna de voces de poetas que hoy en día han dejado un legado literario importante en el país, como Aquiles Nazoa, Pálmenes Yarza, Ida Gramcko, etc., gracias a su libro y es importante resaltar, que la revista no solo sirvió para promocionar a poetas del momento, sino también a poetas jóvenes que estaban emergiendo. En ese caso, le quería preguntar para culminar, ¿cómo fue su experiencia con la entrevista o si tiene algún comentario final?

— Bueno, las experiencias con las entrevistas siempre me dan nervios, aunque estoy acostumbrada a las tablas porque hacía teatro desde muy joven, pero el miedo es la base, dicen. Yo también quería comentar que trabajé en la editorial como directora, antes de eso había sido publicada en teatro por mis estudiantes, eso fue una primera experiencia con El perro y la rana, durante el período en el que William Ozuna fue presidente de la 87 editorial, si no me equivoco 2012-2013-2014 y luego yo vuelvo aquí a través de Lírica Hispana. Todo lo que significó las pruebas del libro, ver el libro desde su momento hasta acá, bueno, a mí me dio muchísima satisfacción que se tomaran en cuenta todas las opiniones del autor, que se confronte la posibilidad de cuestionar algunas cosas en el libro, tanto desde el punto de vista de lo que el autor cree, como el otro, el hacer partícipe al autor es algo que siempre he creído que es una labor importante tener presente en una editorial. Entonces, yo quiero agradecerlo enormemente, agradecer todo el amor y el cariño que le pusieron.

Yo tuve la suerte de poder contactar al hijo de la fundadora de la revista, Conie Lobell y el profesor me decía que es un libro hecho con amor y él decía que estaba reencontrando a su mamá y conociendo una mujer que él no había conocido nunca. Eso es impresionante; otro de los hijos de Conie es un hombre de 90 y algo de años y él me decía exactamente lo mismo: “yo no conocía esta faceta de mi mamá” y sus nietos estaban maravillados por la posibilidad de saber que su abuela había sido una editora, una mujer tan conocida en el mundo. Entonces, él me pedía el libro para enviárselo, para hacérselos llegar porque todos estaban reconociendo en su ancestra a una luchadora, a una mujer trabajadora y alguien que le había aportado al país un momento primordial de la historia editorial de Venezuela.

Esta entrevista fue grabada y posteriormente transcrita a texto en el mes de marzo, 2024. Publicada póstumamente en homenaje a Krístel Guirado.

Entrevista realizada por Ariadna Rojas, Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela y tallerista de nuestra casa editorial

Texto y edición: Ariadna Rojas

 

 

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