Venezuela tiene primeras mujeres en casi todo: Manuela Saenz fue, en Ayacucho, la única mujer que pasaría a la historia como heroína de esta batalla; Verónica Herrera es bicampeona suramericana sub-17 e ingresó al libro de los Récord Guinness como la futbolista femenina más joven en jugar una Copa Libertadores; Lya Imber de Coronil fue, en 1936, la primera mujer en obtener un título de médica en el país; Naomi Soazo se convirtió en la primera mujer venezolana en ganar dos medallas (oro y bronce) en la especialidad de Judo de los Juegos Paralímpicos de Pekín 2008 y Río 2016; la Madre María de San José fue la primera beata venezolana, nombrada por la iglesia católica, en razón de su labor a favor de los más necesitados; y Milka Duno obtuvo el puesto más alto para una mujer en las 24 Horas de Daytona.

Iraida Vargas Arenas también forma parte de este grupo, pues es la primera mujer en obtener el Premio Nacional de Cultura en la mención Humanidades, en 2008. Esta ilustre luchadora venezolana es Antropóloga, egresada de la Universidad Central de Venezuela (1964), tiene un doctorado cum laude en Historia y Geografía en la Universidad Complutense de Madrid (1976) y, además, es colaboradora científica del Smithsonian Institution, el mayor museo y complejo de investigación del mundo. También ha impartido sus conocimientos dentro y fuera del país, en universidades de España, México, Costa Rica y Colombia. ¿Su mayor satisfacción? “Haber ayudado a formar una generación de antropólogos y arqueólogos que aún nos consultan y nos ven como maestros”, repite siempre que es necesario.

A punto de celebrar su cumpleaños 75, el próximo lunes 7 de agosto, es la cuarta de seis hermanos: dos niñas y cuatro varones de la familia creada por Pedro Manuel Vargas Manzanilla y Carmen Teresa Arenas de Vargas. Su infancia transcurrió feliz en Maracay, la Ciudad Jardín, donde nació y se crió dentro de una “familia conservadora, propia de la época, pero que nos impulsaban a superarnos, porque los estudios para mis papás eran sagrados”. En la formación familiar prelaban los estudios y los principios morales: el respeto a los demás, el amor al trabajo y el sentido de la responsabilidad.

Estudiar y luchar, era así como pasaba sus días de universitaria a comienzos de los años sesenta, cuando el descontento de diversos sectores de la sociedad venezolana marcaba la crisis del gobierno de Rómulo Betancourt, quien gobernó bajo ideales anticomunistas. “Existía una vinculación directa entre la formación que uno recibía, las lecturas que nos mandaban hacer y la práctica; nos reuníamos en círculos de lectura”, recuerda Iraida. Los estudiantes de la primera década de los sesenta, estudiaban y luchaban, realmente lo hacían y se formaban en la práctica, en la acción directa, participando en las protestas por la búsqueda de la recuperación de la democracia, junto a civiles, obreros y profesionales durante la lucha armada en Venezuela.

 

“Socialismo feminista del siglo XXI”

Con más de 40 libros escritos, de manera individual y colectiva, Iraida destaca la necesidad de escribir siempre sobre las comunidades con las que tiene contacto y desde hace más de 50 años se fijó este objetivo.

Declarada feminista, en sus trabajos señala con énfasis las contribuciones de las mujeres en los diversos momentos históricos del país y que ha sido invisibilizada.

En su ensayo Exclusión social y protagonismo femenino en la historia venezolana, publicado en junio de 2005, Vargas afirma que “las mujeres deben estudiar, profesionalizarse, prepararse para asumir las nuevas tareas que demanda la construcción social de la revolución, única manera de superar la discriminación y la exclusión que las ha privado de lograr un espacio reconocido en la historia venezolana”.

Agrega además en su libro Feminismo y socialismo: “Si queremos construir un socialismo feminista necesitamos estimular organizaciones que sean conscientes de las causas históricas de todas las formas de explotación y dominación, y los diversos factores socioculturales que inciden en ellas. Sin una conciencia –para este caso– feminista, la lucha contra la opresión de las mujeres no es posible. Un socialismo feminista no puede llegar a ser una realidad sin un sujeto histórico que realice de manera práctica su posibilidad histórica”.

Afirma que para que esta lucha no sea en vano, la educación transformadora abocada al cambio de los significados sociales patriarcales y capitalistas de sexo/género, debe jugar un papel revelante: “Lenin decía que la emancipación de las mujeres trabajadoras debe ser el trabajo de las mujeres trabajadoras mismas. Si ello es así, entonces somos las mujeres las llamadas a liberarnos a nosotras mismas, por lo que debemos estimular la formación de frentes feministas, con sus propias agendas de lucha dictadas por los intereses femeninos”.

Reescribiendo la historia

Durante el último año de la carrera de Antropología, Iraida Vargas Arenas conoció al profesor Mario Sanoja. Fue en Quíbor, estado Lara, durante un trabajo de campo sobre un cementerio prehispánico, donde el profesor Sanoja hacía sus investigaciones. ¿Quién dice que no existe el amor a primera vista?

Desde entonces comenzaron una relación, que hoy tiene más de 50 años y de la que nacieron tres hijos: Pedro, Carlos y Andrés; politólogo, músico y computista respectivamente.

Una vez casados, Vargas y Sanoja viajaron a Francia para hacer un postgrado en Palinología, asociada a sitios arqueológicos y modernos. La recién graduada antropóloga tenía intención de estudiar las evidencias arqueológicas de la dieta del tipo vegetal de los pueblos originarios del país, estudios que terminó en Holanda por sugerencia de una de sus profesoras.

A su regreso, la pareja de antropólogos comenzó a trabajar en la Universidad de Los Andes y la UCV. Sus proyectos de investigación estaban orientados a tratar de reescribir la historia de Venezuela, “pues esta se reducía a la historia colonial, pero nada había de lo que hicieron las etnias originarias y las poblaciones de afrodescendientes que trajeron a las fuerzas antes de esta época”.

De esta manera, cada uno de los ensayos y libros que ha escrito Iraida Vargas Arenas han tenido el objetivo de sumar más datos a la historia de Venezuela, para que cada uno de sus habitantes la conozca y se apropie de ella, la cuide y la proteja.

La Fundación Editorial Escuela El perro y la rana reconoce el trabajo de esta inagotable guerrera, que es estampa y ejemplo de la mujer venezolana, que sigue dando aportes a nuestra historia y forma parte importante de nuestro catálogo.

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LEE también su libro: La larga marcha hacia la sociedad comunal

(Fuentes audiovisuales: Registro Nacional Voz de Los Creadores, Cenal-Venezuela).
(T/ Prensa/ FEEPR)
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