Con profundo pesar, la comunidad cultural, académica y social de Venezuela despide hoy a Gloria Martín, una mujer cuya vida fue un puente entre el arte, el pensamiento crítico y el compromiso social. Cantante, compositora, escritora y docente, su partida deja un vacío profundo en la identidad de una nación que la adoptó como propia desde su llegada de Madrid a los nueve años de edad.
Una vida entre las letras y el compromiso
Formada en las aulas de la Universidad Central de Venezuela (UCV), Gloria Martín cursó Filosofía y Letras en los años setenta, egresando como Licenciada summa cum laude de la Escuela de Artes en la mención de Promoción Cultural. Gloria contribuyó activamente a la creación y modelado de dicho espacio académico, donde años más tarde ejercería como docente catedrática.
Su intelecto, agudo y siempre orientado a las ciencias sociales, la llevó a obtener el Doctorado en Historia de la Cultura, publicando aportes teóricos fundamentales para el país. Destaca el libro Metódica y melódica de la animación cultural, publicado en 2024 bajo el sello de la Editorial El perro y la rana, una obra pionera en el campo de los estudios interdisciplinarios entre ciencias humanas y ciencias sociales, sociología de la cultura y los estudios “literarios-culturales” o cultural studies. Asimismo, su pluma no fue ajena a la lucha política, destacando como articulista en el periódico Ruptura Continental, vinculado a la militancia del PRV-FALN.

Arquitecta de la “Canción Necesaria”
En el ámbito musical, el nombre de Gloria Martín es sinónimo de dignidad y vanguardia. Desde 1969, se erigió como cofundadora del movimiento de la Nueva Canción, impulsando junto a Alí Primera el concepto de la “Canción Necesaria”. Bajo esta premisa, fue pieza clave en la fundación de Cigarrón, el primer sello discográfico independiente de Venezuela, plataforma que desafió a la industria comercial y permitió la grabación de seis de sus discos propios.
Su legado musical trasciende fronteras, recordándose hitos como su colaboración con la argentina Mercedes Sosa en 1973 y su potente interpretación en la “Cantata a Fabricio Ojeda” de 1976, obras que hoy resuenan como testimonios sonoros de una época de insurgencia creativa.
A sus familiares, amigos del gremio artístico, compañeros de la academia y allegados, extendemos nuestras más sinceras palabras de solidaridad y condolencias. Que el eco de su canción necesaria y el rigor de su pensamiento sigan guiando a las futuras generaciones.
Paz a su alma.


