«Hay un fusilado que vive» es una de las frases más recordadas de la literatura argentina del siglo XX. Rodolfo Walsh la escuchó en un bar la noche del 18 de diciembre de 1956 y, a partir de esas palabras susurradas por un amigo, comenzó una investigación que lo obligó a abandonar su casa, dejar su trabajo y cambiar de identidad durante meses. El resultado de aquel salto al vacío fue Operación Masacre (1957), un libro que –como los clásicos decimonónicos– se publicó originalmente por entregas en un semanario. En estas páginas, Vicente Battista recorre de punta a punta la vida de Walsh (1927-1977) en busca de respuestas para uno de los mayores misterios que encierra su obra: cómo un escritor de ficciones policiales, que había apoyado públicamente el golpe de Estado contra Perón, luego se juega la vida para denunciar los crímenes de la Revolución Libertadora y acaba como un referente intelectual del peronismo revolucionario. Walsh, 1957 es una crónica de esa metamorfosis, pero también un texto que se aventura en el análisis de los vínculos entre Operación Masacre y el Facundo de Sarmiento, que ubica la historia de aquellos fusilados en el contexto del policial argentino e incluso se pregunta por el sentido de escribir literatura en tiempos críticos.

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