La imaginación de Rafael Bolívar Coronado era tan eficaz que recreaba casi con exactitud la realidad. Tal grandilocuencia se expresa en la cantidad de seudónimos que usó, entre los  que se encontraban Andrés Eloy Blanco, Andrés Bello, Juan Antonio Pérez Bonalde, Juan Vicente Gómez, Pío Gil, José Antonio Calcaño y Arturo Uslar Pietri. “La originalidad es el mejor de los plagios”, dice el poeta Carlos Angulo. Usó más de seiscientos nombres, falsos y verdaderos, y justificó sus timos como herramientas de la necesidad en su mencionado libro autobiográfico.

Lo único a lo que no pudo escapar Rafael Bolívar Coronado fue al hambre: tuvo que alimentar más de seiscientos nombres. Ese fue su mayor desafío como escritor.

Ernesto Cazal.

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