Un niño de Sabaneta, con el alma llena de saberes de Los Llanos transmitidos por sus ancestros y ancestras, con ese sentido de inmensidad y ganas de aprender, se abría paso en la vida. Con la humildad de conocer sus orígenes, en un pequeño pueblo, comenzó a crecer como cualquier otro niño, llenando de anécdotas su historia. Vendía “arañas” de la cosecha de Rosa Inés, su siempre recordada abuela.

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