Si algo nos distinguió en los tiempos coloniales como Nobleza Criolla fue nuestra cultura y nuestra fuerza; nuestra decisión y fiereza en la defensa de nuestro honor y de nuestro patrimonio, o sea, nuestras tierras, que eran el sustrato físico de nuestra fisonomía como clase histórica. Ellas fueron aquel enorme y rico territorio concedido por el rey de España a nuestros antepasados, como consecuencia de la invasión española a América –con la que España se hizo Imperio–, y con la que comenzó el saqueo de las riquezas americanas a sus habitantes originarios por parte del reino de España, y de nuestros antepasados.

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