El alma cuando sueña, es teatro, actores y auditorio.

Addison

Elio Palencia parece un muchacho, a pesar de su cabello y barba entrecanos. Despide aires de independencia, jovialidad y cercanía. Nació en la ciudad de Maracay en 1963, década marcada por importantes sucesos a nivel nacional e internacional, algunos de ellos: la Beatlesmanía se apodera del mundo, asesinan a John F. Kennedy y Martin Luther King; en Venezuela se inicia el período democrático después de la caída del régimen de Marcos Pérez Jiménez, se inaugura la Cadena Venezolana de Televisión (CVTV) y Adriano González León gana el Premio Biblioteca Breve con la novela País Portátil.

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Palencia creció junto a sus padres y hermanos en la Ciudad Jardín. Una madre muy amorosa y un padre responsable y con sentido del humor son sus pilares. Su infancia estuvo llena de juegos en la calle, viajes a la playa o al río, las comiquitas, las novelas de Delia Fiallo. Cuenta una anécdota graciosa sobre su madre: “A los cuatro años me dibujó su operación de corte de trompas”.

Sin saber a qué se iba a dedicar, siendo pequeño: “Uno de mis primeros recuerdos –muy borroso, menos de cuatro años, seguro– es una tarde en un patio con cayenas, rosas y bellalasonce en potes de Polly o Reina del Campo, rodeado de mujeres y muchachos que me aplaudían entusiastas tras recitar unos versos ripiosos y cursis”.

Para Lorca el teatro “es poesía que se sale del libro para hacerse humana”. El arte dramático es uno y es muchos. El dramaturgo lo define como el: “Lugar al que pertenezco, su gente es una gente que amo profundamente. Es importante como todas las artes y como el arte, en tanto sueños de una sociedad, espejos, reflejos, sosiegos, descansos, reclamos, despertadores de la conciencia de reyes, caricias, vértigos, consuelos, esperanzas, muerte, resurrecciones… grandeza. Pero también puede ser pequeñez, insignificancia… ¿no es grande eso?”.

Eduardo Galeano comienza el Libro de los abrazos con la frase: “RECORDAR: Del latín re-cordis, volver a pasar por el corazón”. Sin duda, para Elio Palencia el teatro es una experiencia de re-sentir y recordar las emociones.

Francisco Massiani, escritor venezolano y autor de Piedra de mar, dice que “un viaje siempre es enriquecimiento inevitable del espíritu”. Elio, intrínsecamente, lo sabía. Vive hondamente la experiencia del viaje ya sea “al barrio de al lado o a una ciudad lejana”. Le gusta caminar Madrid de noche, parece hacerlo con muchos pensamientos sin final. Escribir, actuar y dirigir también son viajes internos, en lo que el alma crece y se nutre para representar la otredad.

Siendo joven define su vocación, el teatro, gracias al Grupo Grieta de la Universidad Simón Bolívar (sede del Litoral). El comienzo fue con mucho tesón y diligencia. De allí, pasa a trabajar de manera profesional en Rajatabla y en la Compañía Nacional de Teatro (CNT) en obras de Shakespeare, Pirandello, Fernando de Rojas pasando por Arthur Miller, César Rengifo y José Ignacio Cabrujas, entre otros. Sus primeros pasos en la dramaturgia fue en los Talleres de teatro del Centro de Estudios Latinoamericanos Rómulo Gallegos (Celarg) y como director en el Centro de Directores para el Nuevo Teatro de la Fundación Rajatabla.

Para Palencia hay tres aspectos fundamentales en el arte dramático: “El deseo, la capacidad de jugar y, por supuesto, de la presencia de otro”. Es autor de más de treinta textos. Algunos de sus libros han sido publicados por nuestra casa editorial: Mi hermano José Rosario y otras piezas teatrales (2006), Del alma querida y otras piezas teatrales (2008), el libro de relatos Re-sentir (2009) y la comedia infantil Sintonía o… ¿hay un extraño en casa? (2016).

Cree en el talento, pero también en la disciplina y la constancia. “Desarrollarse como profesional implica generalmente estar dispuesto a doblar tu tiempo productivo, con conciencia, sin quejas. Y si esto no es necesariamente rebeldía, sí implica coraje y voluntad”.

Tuvo el privilegio de trabajar con los maestros José Ignacio Cabrujas, Román Chalbaud y Carlos Giménez, grandes nombres del teatro, cine y televisión. Hombres de vanguardia en las artes y de verbo imprescindible. Para Palencia cada uno tuvo “una persistente voluntad de pensar el país y de elaborarlo estética y dialécticamente, con poesía, humor, amor y generosidad”.

Los trabajos de Elio Palencia no se han limitado al teatro y a la literatura, también ha incursionado en la televisión y el cine. En Venezuela formó parte de los guionistas de RCTV y de Venevisión, participando como libretista de telenovelas de autores como Ibsen Martínez, Perla Farías, Leonardo Padrón, Indira Páez, Salvador Garmendia, Alberto Barrera Tyszka y Mónica Montañés, entre otros. En España colaboró con las productoras españolas Globo Media, Fernando Colomo PC y Bocaboca TV para series transmitidas por los canales Televisión Española y Tele5.

El séptimo arte también ha sido parte de la vida de Elio Palencia. Participó en varios cortometrajes y fue guionista de Detrás de la Avenida para Gente de Cine junto al director Román Chalbaud. La Fundación Villa del Cine de Venezuela produjo su guión Cheila, una casa pa’ Maíta, basada en su premiada pieza La Quinta Dayana, bajo la dirección de Eduardo Barberena. La película obtuvo seis premios en el Festival de Cine Nacional en Mérida, entre ellos Mejor Guión, Mejor Película y Premio del Público.

Ha sido destacado con numerosos reconocimientos, entre otros: Marqués de Bradomín para Jóvenes Autores de España (1993); en Venezuela, el Premio Esther Bustamante (1988), el Premio Juana Sujo (1989 y 1990),  Mejor Propuesta Escénica en el II Festival de Directores para el Nuevo Teatro (1989), la Orden José Félix Ribas, en 2.º clase, el Premio Marco Antonio Ettedgui (1990) de la Fundación Rajatabla en su primera edición, el Premio CELCIT al Mejor Autor (2004), el Premio Municipal de Teatro José Ignacio Cabrujas como autor más destacado en los años 2007, 2008 y 2010 y el Premio Isaac Chocrón  y el de la Crítica, ambos en 2016.

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El dramaturgo camina de noche por el barrio de las letras de Madrid, lugar donde se conjuga la literatura y el arte, mira a través de sus lentes el devenir de la gente. Todo en él es cordialidad, no le importa regalar sonrisas y tratar a la gente como si la conociera desde hace tiempo. Su manera informal de hablar cumple con la labor de crear vínculos.

Elio Palencia apuesta por la coherencia, la libertad y sobre todo por la alegría de vivir.