Con total honestidad y con honda preocupación por saber lo trascendental que resulta no perder esta oportunidad histórica, el autor propone un conjunto de críticas y propuestas para la discusión por parte de las bases y para la toma de decisiones que permitan corregir el rumbo de quienes ocupan cargos estratégicos. Con la mirada limpia de quien ha dedicado su vida a construir fuerza social para edificar la Patria nueva socialista, reivindica la validez de la autocrítica como herramienta para subsanar las fallas recogidas en las trincheras donde se libran las batallas del día a día. La participación protagónica del pueblo sigue siendo el único recurso valedero para acabar con “el divorcio que aún perdura ‘entre el que piensa y el que hace”. Hoy más que nunca se hace urgente la exhortación del “Guameño”: “¡Oigamos la voz del pueblo!”.

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