Si el busto de Jano representa el pasado y el presente, donde las acciones son la sucesión de un mismo evento, o al menos, la variación de la misma persistencia, en La conjura sin tregua se recrea la confluencia de la historia a través del zar Nicolás II y la Revolución de Octubre con nuestra inmediatez social y política. El tiempo presente (y pasado) gravita a través de la voz de una supuesta superviviente del zar Nicolás II, ubicada en Sabana Grande (Caracas-Venezuela), que es el lugar de múltiples protestas, cambios radicales y movilización social. La negación ante el devenir histórico justificará una ironía: resolver el conflicto a través de la violencia, en este caso la conspiración para asesinar al presidente de la República.

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