La mitología musical del Caribe tiene, sin duda, muchos dioses y demonios. Pero si hay un personaje que es dios y demonio a la vez ese es el Inquieto Anacobero Daniel Santos. La impronta de su huella en la rumba caribeña es inmensa. El estilo de este duende boricua fue la genuina expresión del dulce y melodramático sabor del cancionero latinocaribeño. Estas confesiones al maestro Héctor Mujica son en cierto modo un despojo ñáñigo, son una exégesis de sus andanzas. El lector que se adentre en estas confesiones quedará con un sabor de boca a ron y a bohemia disipada en las noches de bolero y guaracha. Daniel Santos no se ha ido, siempre que se abra una botella y sonría la rumba, él flotará en el rocío madrugador que guarda tantos secretos.

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