Gerardi, el fotógrafo, procura saltarse la ley de gravedad para mostrar a la ciudadanía desvelada lo que concretamente podría suceder en un mundo volatizado por una destrucción generalizada parecida al efecto de una bomba atómica. Paisajes flotantes en peligro de caer como si el smog subiera las gradas de un horizonte repentinamente puesto de pie. Y en donde sólo frutos de concreto armado se oponen a una restitución del magma que no pareciera adecuarse al curso de lava salida de la madre, paseándose ahora mismo por toda la ciudad.

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