La voz del poeta se proyecta como nostalgia, memoria de un tiempo que en tono de sus versos asume cualidad de gerundio, no en el sentido estricto del término que se concretaría en el uso y forma de los verbos, sino más bien en el uso performativo del lenguaje que perfila el afán de hacer del pasado enunciado, un presente continuo. Incluso cuando el discurso se sitúa en el ahora, gira en torno a la remembranza y deja sentir su mirada hacia experiencias vividas, en especial cuando se refiere a amores pasados. El yo poético celebra lo grande que ofrece la naturaleza; son determinantes las imágenes de paisajes cuyos elementos bullentes de frescura, color y vida aportan plasticidad a los textos logrando un atractivo contraste, como si en definitiva la oscura interioridad del poeta –que se insinúa muy ligada a la realidad político-social de su país– fuese una muestra en negativo de los sicómoros, los ciruelos, la hierba, las montañas, las gacelas y los pájaros.

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