¿Hace cuánto Caracas dejó de ser la ciudad de techos rojos o la que se derramaba a las faldas de un cerro bien pincelado? Tal vez nunca fue así. En todo caso, la de hoy cuesta reducirla a un epíteto o una imagen, de tan compleja y mixta, de tan contradictoria y diversa, no se deja describir en pocas líneas. Jessica Dos Santos, joven cronista que la recorre a diario, muestra una perspectiva que devela una capital doliente y festiva: doliente siempre, festiva siempre. Nos recuerda que la ciudad no son únicamente arquitectura, despliegue físico natural o artificioso, sino que son esencialmente la gente que las habita, que las recorre a pie, con sus costumbres, sus carencias, sus rabias, su historia y sus deseos. Aquí la palabra de Dos Santos logra su potencia máxima gracias al ojo de Albert Cañas, fotógrafo enamorado de una urbe que no sabe posar y sin embargo maravilla.

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