Agustina, hija de mi primer matrimonio, vivía en la ciudad de Córdoba. Recuerdo que en 1982 un submarino nuclear británico amenazaba con bombardear la ciudad argentina, donde se asienta el tercer cuerpo de ejército, desde aguas chilenas, si no se firmaba la rendición.

Durante el verano del 83 se habían producido los deslaves denominados El Niño, y todo el norte peruano y el sur ecuatoriano tenían sus caminos bloqueados. El Touring Club no entregaba los permisos internacionales de circulación debido a esto y tuve que esperar hasta que se comenzaron a ofrecer. Una vez tuve en mis manos carnet, tríptico y pasaporte, inicié un viaje por la carretera del Pacífico, que en todo su recorrido redondeaba veinte mil kilómetros. Al sur por Agustina es la narración de este trayecto, así como de las reflexiones durante tantas horas de manejo con el claro objetivo de de llegar al  destino señalado y luego, con el de regresar al hogar.

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